Bueno, quizá sería mejor decir: ¡a la jetaaaaa!

El sábado pillo el tren de la muerte hacia Salamanca. Este año paso allí la nochevieja, lo que va a suponer dos nuevas experiencias:
-Es la primera vez que paso la nochevieja fuera de Cataluña. Me imagino que la cosa no será muy diferente, pero nunca se sabe. A lo mejor en Salamanca son más comprensivos con las resacas del día de San Manuel.
-Es la primera vez que celebro el cambio de año junto a mi pareja. Sí, a la segunda va la vencida (a la segunda nochevieja, me refiero). Y, la verdad, tengo unas ganas que me muero.

Pues eso, que ya llevo varios días haciendo muescas en la pared (no te preocupes, cariño, que no las hago dentro de casa) y ya quedan sólo tres días para tomar el tren. De momento me he preparado para las once horas de viaje. Me llevo tres libros:
-Ensayo sobre la lucidez de Saramago. Que me lo estoy leyendo ahora; empieza muy bien, pero va flojeando poco a poco. Está claro que no es su mejor libro.
-La posibilidad de una isla de Houellebecq, que ya demasiado había tardado en comprar.
-El lobo estepario de Hesse. Para ver si la lectura es diferente a la de cuando era adolescente. Ya avanzo que entonces no me gustó.

Y también voy preparado para la ingesta de pinchos varios. De hecho últimamente he sacado la carne de mi dieta (aunque no me pude librar en el menú de Sant Esteve) y así los pillaré con más ganas si llega el momento de probarlos.

Pues nada, sólo eso, a ver si pongo los pies ya en la estación de Salamanca y puedo dar un abrazo real.