Aprovechando la "libertad" que da no tener un calendario laboral estricto, casi siempre voy a trabajar cuando todo el mundo está de vacaciones, y así cambiarlo para cuando todo el mundo está trabajando.

La verdad es que a priori es una opción interesante. Vas a currar sin caravanas, sin agobios, sin pelearte con el resto de la gente laboratorio por el único balón libre y luego haces vacaciones de forma mucho más barata y menos agobiante.

Pero trabajar en agosto tiene sus inconvenientes, como, por ejemplo, que esté abierta únicamente la puerta de la facultad que pilla a media hora del laboratorio, o que se fastidie un aparato de resonancia y no lo arregle nadie. Aunque lo peor de todo, el llevar ya más de dos meses de calor agobiante, junio pasa, julio es duro y baja el ritmo, en agosto uno ya no puede más y sólo piensa en estar tirado en la piscina, playa, sofá, haciendo de pijo,...

Eso sí, situaciones divertidas las hay... esta mañana en los pasillos desiertos de la facultad me he encontrado a un operario cincuentón emulando a un pistolero del oeste con dos atornilladoras automáticas. Si es que trabajar en agosto es duro para todo el mundo.

Pero bueno, todo sea por disfrutar en octubre de una semanita en Lanzarote.